"La ciudad del ruido"

Colabora: Lic. Carolina Somoza, Politóloga (UBA), diplomada en Derecho Ambiental, Derecho de personas migrantes y refugiadas y en Educación Ambiental Integral. Docente y asesora en la Defensoría del Pueblo (CABA).
Estás en tu casa (si vivís en una zona con mucho movimiento) o salís a la calle y ya está: el colectivo que frena a media cuadra, la moto que pasa sin escape, el taladro del edificio que están construyendo al lado, la sirena que se mete en la charla cuando vas a tomar un café. Vivimos tan metidos en ese ruido de fondo que dejamos de escucharlo como problema. Pero la contaminación acústica no es una molestia menor ni una cuestión de gustos: es un contaminante ambiental con impacto directo en la salud, así lo reconoce la Organización Mundial de la Salud (OMS), y las ciudades (sobre todo las grandes, como la Ciudad de Buenos Aires) son sus principales productoras.

Un contaminante que no se ve: Desde una perspectiva ambiental, no todo sonido constituye contaminación. El problema aparece cuando el ruido es excesivo, continuo o inoportuno y provoca molestias o daños. Se mide en decibelios (dB), una escala logarítmica: cada 10 dB de aumento equivale, en términos de percepción, a duplicar la intensidad del sonido. Eso explica por qué la diferencia entre una calle tranquila y una avenida con tránsito pesado se siente tantol, aunque en números parezca poco. La OMS publicó en 2018 sus Guías de Ruido Ambiental para la Región Europea, que hoy funcionan como referencia internacional. Para el tráfico vehicular, recomienda no superar un promedio de 53 dB a lo largo del día (medido como Lden, un indicador que pondera el ruido diurno, vespertino y nocturno) y de 45 dB durante la noche, el umbral a partir del cual empieza a alterarse el sueño de forma medible. Son recomendaciones, no límites obligatorios, pero están construidas sobre cientos de estudios epidemiológicos.
¿Qué pasa cuando se superan esos umbrales de forma sostenida? La evidencia acumulada asocia la exposición crónica al ruido urbano con hipertensión, mayor riesgo de infarto y de accidente cerebrovascular, trastornos del sueño, estrés, irritabilidad y dificultades de aprendizaje en la infancia. La contaminación sonora no afecta únicamente a las personas. También modifica profundamente el comportamiento de numerosas especies animales Por ejemplo:
Las aves dependen de sus cantos para atraer parejas, defender su territorio y advertir sobre la presencia de depredadores. Cuando el ruido del tránsito interfiere con estas señales, muchas especies cambian el horario en que cantan, elevan el tono de sus vocalizaciones o directamente abandonan determinadas áreas urbanas.
Los mamíferos marinos representan uno de los casos mas conocidos, Ballenas y Delfines utilizan el sonido para orientarse, comunicarse y localizar alimento. El creciente tráfico marítimo, las exploraciones sísmicos y otras actividades humanas generan un paisaje acústico que dificulta esos procesos esenciales para su supervivencia.
Los anfibios también sufren alteraciones en sus llamados reproductivos, mientras que algunos murciélagos encuentran mayores dificultades para utilizar la ecolocaclización con la que cazan insectos durante la noche.
Entonces, cada vez existe más evidencia de que el ruido puede modificar cadenas alimentarias completas y alterar el funcionamiento de los ecosistemas. No se trata simplemente de una molestia: constituye un factor de presión ambiental sobre la biodiversidad.

Colectivos y motos, el ruido que rueda: El transporte es, en casi todas las ciudades del mundo, la fuente dominante de contaminación acústica, y por ejemplo: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires no es la excepción. Los colectivos aportan un ruido de motor grave y sostenido, agravado por el estado de las unidades, el uso de la bocina y el frenado constante propio del tránsito porteño. Las motos, en cambio, generan picos más agudos e irregulares —muchas veces por escapes modificados o directamente sin sistema de escape—, que son percibidos como más molestos aunque duren menos. La Ciudad tiene, desde 2004, una normativa específica: la Ley N.º 1540 de Control de la Contaminación Acústica, reglamentada por el Decreto 740/07, que fija límites de emisión sonora según zona, horario y tipo de fuente, y pone a la Agencia de Protección Ambiental (APrA) como autoridad de aplicación. La ley alcanza tanto a fuentes fijas (locales, obras, industrias) como móviles (vehículos, motos, transporte de carga), y habilita controles en la vía pública, muchas veces en operativos conjuntos con la Policía. El problema, no es tanto el marco legal sino la capacidad real de fiscalización sobre un parque vehicular que crece todo el tiempo.
Obras: el ruido con horario (que no siempre se respeta): La construcción es la otra gran fuente fija de ruido y la que más quejas vecinales genera. La normativa de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires establece franjas horarias en las que está prohibido realizar tareas de obra que produzcan ruidos molestos, pensadas para proteger el descanso nocturno y los fines de semana. Pero entre la demanda inmobiliaria y la escasa cantidad de inspectores, el control efectivo suele quedar en manos de la denuncia vecinal: ante casos reiterados, se puede recurrir a la APrA, a la comisaría de la zona o a la Fiscalía de la Ciudad si el hecho configura una contravención.
Un dato que ayuda a dimensionar el problema: la Ciudad Autónoma de Buenos Aires desarrolló un mapa de ruido, una herramienta pensada, sobre todo, para el tránsito vehicular y ferroviario, y todavía no incorpora de manera sistemática el ruido de obra, que suele ser más puntual pero igual de invasivo para quien vive al lado.

Pensar ciudades más silenciosas: Reducir la contaminación sonora no implica eliminar la vida urbana ni aspirar a un silencio absoluto. Se trata de diseñar ciudades donde el bienestar también sea un objetivo ambiental.
El urbanismo puede desempeñar un papel fundamental mediante la incorporación de barreras acústicas, pavimentos que reduzcan el ruido del tránsito, planificación del uso del suelo y una mejor distribución de actividades potencialmente ruidosas.
Los espacios verdes también cumplen una función importante. Aunque no eliminan completamente el ruido, contribuyen a amortiguarlo y, al mismo tiempo, generan entornos percibidos como más tranquilos y saludables.
El transporte público eficiente, la movilidad activa, el mantenimiento adecuado de vehículos y controles efectivos sobre fuentes de ruido excesivo también forman parte de las soluciones.
Además es necesario avanzar en campañas de sensibilización. Muchas fuentes de contaminación sonora podrían evitarse mediante cambios relativamente simples en los hábitos cotidianos: respetar horarios, evitar el uso innecesario de bocinas, mantener los vehículos en condiciones y comprender que el volumen de una actividad privada puede afectar el descanso y la salud de otras personas #PorUnMundoMejor.
Bibliografía:
Agencia de Protección Ambiental (APrA) – Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires. Mapa Estratégico de Ruido de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires. Consultado en: https://buenosaires.gob.ar/gcaba_historico/impacto-acustico/mapa-de-ruido
Basner, M., Babisch, W., Davis, A., Brink, M., Clark, C., Janssen, S. & Stansfeld, S. (2014). Auditory and non-auditory effects of noise on health. The Lancet, 383(9925), 1325–1332.
Decreto Reglamentario 740/07. Consultado en: https://boletinoficial.buenosaires.gob.ar/normativaba/norma/99330
European Environment Agency (EEA). (2025). Environmental Noise in Europe 2025. Luxembourg: Publications Office of the European Union. Disponible en: Environmental Noise in Europe 2025.
Ley N.º 1540 de Control de la Contaminación Acústica. Consultada en: https://www.cedom.gob.ar/legislacion/normas/leyes/RepoLeyes/ley1540.html
Münzel, T., Sørensen, M., Gori, T., Schmidt, F. P., Rao, X., Brook, J. et al. (2021). Environmental stressors and cardio-metabolic disease: Part II – Mechanistic insights. European Heart Journal.
World Health Organization (WHO). (2009). Night Noise Guidelines for Europe. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe. Disponible en el portal de la OMS.
World Health Organization (WHO). (2018). Environmental Noise Guidelines for the European Region. Copenhagen: WHO Regional Office for Europe. Disponible en: WHO – Environmental Noise Guidelines for the European Region.
World Health Organization (WHO). Noise. Portal temático sobre contaminación sonora y salud ambiental. Disponible en: WHO – Noise



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